Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

12.3.13

Si amas algo déjalo ir

Solía tener dos canarios en una jaula. Sí, esos pajarillos generalmente amarillos. Se llamaban Pichí y Piolín. Los tenía en la ventana, para que les diera el aire y estuvieran bien. De vez en cuando cantaban y me alegraban la tarde. Me solía sentar junto a ellos a escribir o a leer. Realmente era hermoso tenerlos al lado. Pero, ¿por qué en jaulas? 
Cierto día me puse a pensar en sus barrotes blancos. ¿Y si su cántico fuera un grito de auxilio? Me inspiraba pena. Solía dibujarlos y me los imaginaba felices, pero, claro, yo no tenía mi visión emborronada por una pared de barras blancas.
Así que los solté. Abrí la jaula y esperé a que salieran. Y les dije adiós con la mano. 
-Adiós, mis pajaritos -susurré, no sin melancolía. Las lágrimas se me quedaron enganchadas en las pestañas, como si no quisieran dignarse a caer.
Pensé en liberarlos para que no se sintieran atados a ningún sitio. Para que no sintieran que tienen que permanecer en ningún sitio y fueran pájaros con capacidad de elegirme a mí o a cualquier árbol. 
No volví a entrar en la habitación. Sin los canarios tenía menos color, menos vida, menos armonía, menos alegría. Sólo saqué mis escritos y libros a otro cuarto y empecé a utilizar equipos de música para rellenar el vacío del silencio.
Pero, cierto día, tuve que entrar para limpiar el polvo, ya que éste se acumula, quieras que no. Y cual fue mi sorpresa cuando, mientras limpiaba los cristales, vi a Pichí entrar por la ventana y posarse dentro de su jaula. ¿Cuánto tiempo había estado yendo mientras yo había permanecido encerrada en la música de la otra habitación? ¿Cuántos silbidos y gorjeos hermosos no escuché? Maravillada, apoyé los codos sobre el escritorio y miré al pajarillo a los ojos. Parecía encontrar un brillo inteligente en su mirada. 
-¿Qué ha sido de Piolín? -pregunté, acariciando el plumoso lomo del pájaro. Obviamente, el pájaro no me respondió, pero nunca está de más preguntar.
Pasaron los días, y a la hora de mis lecturas y escrituras Pichí volvía a encontrarse conmigo y a regalarme sus trinos. Piolín seguía sin aparecer, y todos los días repetía mi pregunta: ¿a dónde había ido Piolín?
En realidad, no necesitaba una respuesta. Piolín no volvería nunca si no había vuelto ya. Confiar en que viviera feliz en algún árbol o arbusto frondoso tendría que ser suficiente para mí, porque sabía que no iba a volver. Porque los dejé ir y uno volvió, pero el que no, realmente, nunca me perteneció.

4.3.13

Premio: Los siete pecados capitales de la lectura.

¡Hola churumbeles! Hoy os dejo con un pequeño regalo-premio por parte de A. Doval, del blog Todo lo que somos. Realmente, este premio ya me lo había dejado hace relativamente mucho, pero nunca lo había publicado... por pereza, más que otra cosa.
El premio se llama: los siete pecados capitales de la lectura.

NORMAS:
  1. Haz el regalo-premio a cinco personas.
  2. Llévate la imagen a una entrada similar a esta en tu blog.
  3. Comenta aquí como que vas a participar.

1. Avaricia:
¿Cuál es el libro más caro y el más barato que te has comprado?
El más caro no lo sé, sinceramente, pero creo que no me equivoco si digo Memorias de Idhún: Panteón. El más barato sí lo sé: la versión de bolsillo de El guardián entre el centeno.
2. Ira:
¿Con qué autor tienes una relación amor-odio?
Sin duda alguna, con Stephen King, que me lo hace pasar tan bien pero tan mal. No hace falta que me explique conociendo el género, ¿verdad?
3. Gula:
¿Qué libro devoras una vez tras otra?
Tengo dos que me leo a cada poco, sea el libro entero, o sea sólo un pasaje: La historia interminable y Viaje al centro de la Tierra.
4. Pereza:
¿Qué libro no te has leído por flojera?
La ciudad sin tiempo. Hubo quien me dijo que era un libro muy bueno, pero, por Dios, a cada tres páginas me quedaba dormida. Era imposible leérmelo.
5. Orgullo:
¿De qué libro hablas para parecer intelectual?
Pues de cualquiera de poesía o, en general, literatura clásica. Si tuviera que escoger algo divulgativo contemporáneo escogería cualquier libro de Eduard Punset.
6. Lujuria:
¿Qué encuentras atractivo en los personajes masculinos y femeninos?
En los masculinos, que tengan un punto de debilidad. Que sean sensibles y que se vean sus sentimientos, y no den la típica apariencia de chico malo y ya está. No. Me gustan los chicos reales. En cuanto a lo físico, me encanta que tengan el pelo larguito; pero que no cumplan los requisitos de típico tío guapo y perfecto. Y en las chicas, que sean espontáneas y un poco loquillas, no sé si me explico. Que les guste el heavy metal. Físicamente, no tengo preferencias, sólo que no cumplan los cánones de belleza establecidos por la sociedad. O sea, chicas reales: más flacas, más rellenas, con más pecho, con menos...
7. Envidia:
¿Qué libro te gustaría recibir como regalo?
Por trece razones, El sentido de un final, Vientos del este vientos del oeste, o alguno de Stephen King. El ladrón de céntimos, El lector, La ladrona de libros...

2.3.13

Una droga es una droga

Hay ciertas cosas en la vida que son como dejar de fumar.
Imaginaos a alguien fumando en el salón. El aire se ve hasta un poco denso por el humo. Tiene cara seria, las comisuras de los labios caídas y un cigarrillo entre los dedos índice y corazón. Los estores están bajos, aunque se cuela luz, y la lámpara está apagada.
Esa persona se ha propuesto dejar de fumar, pero se dijo "voy a dejar de fumar" y ha fracasado. Se ha vuelto a fumar otro. Pero ese cigarrillo, ese "piti" al que da ahora mismo una calada, tiene una razón de ser: es el último.
Hay ciertos momentos que, para seguir adelante después de ellos, has de saber que son los últimos. Si no, se te ocurren infinidad de cosas que podrías haber hecho si supieras que era el último momento, pero no las hiciste porque no lo sabías. Digamos que con el tabaco es similar. Para dejar de fumar, tienes que saber cual es el último cigarro. Tienes que consumirlo sabiendo que es el último que tendrás posibilidad de disfrutar, y que, tras él, nunca más volverás a probar otro, por muchas ganas que tengas.
Hay que saber cuándo lo último es lo último. Si se puede, hay que dar esa oportunidad. Porque la última vez es la última vez, sea nicotina, sea lo que sea. Una droga es una droga. Y, aunque no todo sean drogas y necesidades, no es difícil de extrapolar.
Una droga... es una droga.