Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

9.5.12

Los cuerpos sin dueño


Entre noche y noche,
entre copa y copa,
en el período que ni ebria ni sobria,
ni cuerda ni loca,
ella piensa.

Ella dejó su palabra
en el recuerdo
de un beso mal dado
y un móvil mal colgado;
ella escucha el silencio
esperando que el pitido de la línea cese,
desaparezca de su cabeza
y su memoria torturada.

Un buen o mal día se encontraron
“¿Qué ha sido de ti, qué has hecho con tu cuerpo?”
Y ella, melancólica,
mira la sombra de lo que fue, esquelética, gris y cansada,
ve sus pulmones negros, su cerebro maltrecho y el hígado destrozado
y su piel acariciada por innumerables manos.
“Bueno,” dice “no era mi cuerpo.
Ese cuerpo era tuyo. No es mío.
Ahora es cuerpo sin persona
y persona sin alma.
Porque una vida no es vida si le falta media,
y el cuerpo busca su persona, pero no le queda.
Se fue tras el alma, y ésta tras un beso,
y ahora busco a ciegas mi media vida
porque me hago vieja, estoy por morir y no sirvo.”

Esa noche, copa a copa, labio a labio,
compartieron palabras, vivencias y cama.
Él pagó como otros y se despidió con un “suerte”.
Qué ironía. Qué suerte esperaría
a un alma perdida.
Ella, persona, se alejó aún más del cuerpo
aquel que ya no le pertenecía.