Mi razón de ser

Escucha...
¿Oyes el silencio?

Mira...
¿Ves la oscuridad?

Huele...
¿Percibes el dolor?

Toca...
¿Sientes el miedo?

Prueba...
¿Saboreas el amor?

Siente...
¿Te atreves a hacerlo?

Mis mininos

Búscate

23.4.10

Quiero pero no quiero

Quiero pero no quiero. Por una parte, no quiero volver a pasarlo mal, porque contigo sé de sobras que acabaré igual que la última vez, no quiero volver a caer en aquel pozo de sufrimiendo, olvido, y dolor. No quiero volver a pasar noches en vela y días sin emoción. No quiero volver a verlo todo gris, sin color ni nada. No quiero volver a pensar en tí con nostalgia, como algo perdido... 
Pero, por otra parte, anhelo ese contacto, esa camaradería, tus caricias, besos y abrazos. Quiero otra vez todo aquel cariño derramado, verlo en tus ojos, sentirlo en tu tacto y tu contacto. Quiero volver a disfrutar de todos aquellos ratos contigo, quiero llenarme de tí. Quiero que tú seas mi mundo, yo sea el tuyo, y ambos seamos felices. Pero las cosas no son así. Sé que acabaremos igual. Pero te quiero, y me quieres... aunque yo te quiera a ti mucho más que tú a mi. Qué dificil decidir entre la razón y el corazón...

19.4.10

Cuervos

"Corre, corre, corre, corre, ¡CORRE!" pienso.
De pronto me paro en seco. ¿donde están?
Las pisadas. Delante. No, detrás. A la izquierda. Están en todas partes. Echo de nuevo a correr hacia ningún sitio.
El bosque es tenebroso, los árboles no tienen hojas y el color negro predomina ahora en la noche. ¿Donde se han metido? No me deben coger. No sé quienes son, pero no me deben coger. Sigo corriendo, hasta que me quedo sin respiración y caigo al suelo nevado, exhausta.
"Matadme. Si queréis, matadme ya" deseo. Pero nadie me mata. No se oyen más pisadas ni más ruidos. Tan sólo oigo mi respiración entrecortada.
Levanto la cabeza, y oigo un aleteo a mi derecha. Suelto un grito ahogado. Tan ahogado de miedo que es inaudible.
"Un cuervo. Sólo es un cuervo. Cálmate." pienso para tranquilizarme. Otro aleteo, a mi izquierda. "Sólo es otro cuervo." Otro aleteo, y otro, y otro, y otro más. Una docena de cuervos. Me levanto asustada.
-¿Qué es esto? -pregunto a los árboles-. ¿Qué queréis? -pero no obtengo respuesta.
Alguien que me toca el hombro. Me giro.
Sólo me da tiempo a ver unos ojos inyectados en sangre, de color amarillo, pupilas plateadas. Unos ojos horribles, y abiertos. Muy abiertos.
Miedo. Siento miedo.
Una pluma negra cae del cielo...

18.4.10

Absurda guerra

"Por favor, cuida de ella."
De pronto, ambos se volvieron hacia mí, dándose cuenta de que allí me hallaba. Mi mirada y la suya se cruzaron, pero él la apartó muy rápido.
Y entonces comencé a comprender. Pero no podía ser verdad, no podía quedarse allí como un cebo, dar la vida por mí y por los demás. No podía ser.
Me intenté echar a sus brazos, agarrarle para que no pudiese hacer aquella tontería, no soltarle nunca. Porque lo amaba, lo amaba con todas mis fuerzas y con todo mi corazón, y no podía perderlo. Pero él me agarró de los hombros y me separó de sí, virando la cabeza hacia otro lado y ocultando sus ojos detrás de su cabello despeinado, a la vez que decía:
- No.
Zack alzó la vista y pude observar cómo una lágrima rodaba por su mejilla. Jamás lo había visto llorar.
- Lo siento.
Acto seguido, se viró hacia donde vendrían los otros a reclamar su vida, con la mirada alzada y desafiante. Los nuestros ya empezaban a huir.
De repente, sentí cómo las manos de Lian se cernían alrededor de mi cintura, para llevarme.
-¡No! -sollocé- ¡NO PUEDES QUEDARTE!
Pero Zack no se dio la vuelta ni me miró.
Comencé a debatirme entre los brazos de Lian pero él era más fuerte que yo. Empecé a gritar y a chillar, y sentí cómo lágrimas amargas se desprendían de mis ojos.
Lian me giró hacia sí, y sus ojos se clavaron en los míos como alfileres.
- Él lo ha querido así. Para protegerte. Para protegernos. Ahora tenemos que irnos.
Le miré sin comprender.
- No puede... ¡No puede ser!
Pero, adelantándose a mi acción, me volvió a agarrar y a arrastrarme hacia la nada de Siberia.
- ¡NOOOOOOO!´
Zack se volvió un momento hacia mí, y vi sus ojos llenos de sufrimiento, y oí las palabras "te quiero" en medio del griterío que huía, y sentí lo que él sentía, y supe que era amor.
Entonces sentí en el brazo un pinchazo y miré hacia arriba, a la cara de Lian, y vi en sus ojos disculpa y en su mano la jeringuilla con el tranquilizante... El último pensamiento que tube antes de caer en aquel profundo sopor fue: ¿por qué esta absurda guerra...?

8.4.10

"No pierdas la esperanza"

Es el único claro que hay en todo el bosque. El cielo, totalmente despejado, es del color del azabache, negro, oscuro; salpicado por pequeñas estrellas, cuales diminutos trocitos de diamante. A los alrededores hay árboles, todos de hoja perenne, y se puede percibir levemente el olor de lejanos eucaliptos. El rocío está congelado en las hojas, dando la impresión de que los árboles han sido adornados por el más detallista de los decoradores, que cada árbol ha sido creado por un artista distinto, porque cada árbol, aunque sea de la misma especie que otro, es distinto al anterior, y a todos los demás. La hierba, milagrosamente corta, parece suave y mullida, pero el agua helada está posada sobre ella, tan dura y transparente como el cristal, tan delicada como los pétalos de las rosas, y hace ser dura a la hierba. También pequeñas flores violetas de invierno están desperdigadas por el prado verde blanquecino, cuales espíritus errantes vuelan por el cosmos, cuales dientes de león flotan en el aire.
Y ahí, en medio de todo, hay una chica vestida con un suave vestido de tirantes, como si el misterioso, penetrante y duro frío no le hiciera nada. Ésta se haya en el centro del prado, sentada, y sostiene una flor violeta congelada en sus manos.
De pronto, alza su vista hasta mí, y sus ojos, -casi tan claros como su blanco pelo, que le llega hasta la cadera, su piel, que parece la de una persona albina, o su vestido, que es del blanco más puro que se pueda imaginar- se clavan en los míos como alfileres.
Seguidamente, se levanta, y camina hacia mí como si los cristales de hielo que hay en el prado no le hicieran daño en sus desnudos pies. Cuando llega a mí, me alza las manos, posa allí la flor congelada con la cual jugueteaba antes. Luego, me rodea la cara con las manos, que están tanto o más congeladas que los cristales de hielo que cubren el prado, y me dice, con la voz susurrante: "Nunca, jamás, pierdas la esperanza de tus pensamientos. Nunca, jamás, te des por vencida." Y después, lentamente, se desvanece. "Ángel de la guarda" son las únicas palabras que acuden a mi mente....

7.4.10

Montaña rusa

Mi estómago se llenaba de mariposas. Miré a mi alrededor y vi a todos mis amigos tensos y esperando ansiosamente la cima. En el vagón reinaba un silencio expectante interrumpido de vez en cuando por un gritito o risilla nerviosos.
Al fin llegamos a la cima. Alguien del fondo grito: "¡¿Preparados?!" La respuesta fue una gran confusión de sís, nos, gritos y risas. Me preparé para la bajada.
En el segundo siguiente bajabamos a toda velocidad y con la adrenalina al tope. Grité y grité hasta que la garganta me empezó a doler. Me lo pasaba de miedo.
De pronto, sonó un horrible y estruendoso "CLANK" en la zona derecha del vagón, pero no le hicimos caso. Casi de seguido, se oyeron otros pequeños "clank, clonk, clank" y entonces sí volteamos todos la vista hacia la derecha. Todo lo que nos sujetaba a la vía había saltado y pronto, los gritos de júbilo se convirtieron en gritos de horror. Ya poco quedaba para la siguiente curva que sería la final... seis segundos... cinco... cuatro... tres... dos... uno...
En los instantes en los que el vagón estubo en el aire pensé que era una ironía muy grande, porque, sin barra de "seguridad", todos podríamos haber saltado... y la barra de "seguridad" sería ahora nuestro verdugo. Qué gracia.
Me preparé para el impacto y...
Desperté en la cama sudorosa y respirando agitadamente. Afortunadamente, sólo había sido un sueño.

3.4.10

Tan ciega

No entiendo cómo pude estar tan ciega. Ahora me acuerdo de aquella mañana y las lágrimas acuden a mis ojos. Cuando entré por la puerta del instituto, con el rostro bañado en lágrimas... Tú me viste y acudiste en mi auxilio, preguntándome si me pasaba algo. Cuando te dije: no, nada; me agarraste la mano y me diste la vuelta, abrazándome. Lloré en tu camiseta dándote puñetazos en el pecho, me acuerdo perfectamente. Cuando al fin alcé la mirada, me encontré con la tuya, en aquel momento indescifrable para mí, hoy demasiado clara. No quiero ni imaginarme todo el sufrimiento que albergaste en tu interior durante todos aquellos recreos, todas las tardes, ratos libres... no quise pensar que todo aquel tiempo que estubiste conmigo pudiera hacerte daño porque en aquel momento eras lo único que yo tenía. Ahora que sé acerca de tus sentimientos por mí maldigo al maldito que nos hizo tanto daño a los dos, a mi directamente, a tí por mi culpa... y me maldigo a mí misma por no poder apreciar lo que tengo, por no poder quererte como tú me quieres a mí.